Las plantas no pueden hablar, desplazarse para escapar de un peligro ni poseen un sistema nervioso como el de los animales. Sin embargo, eso no significa que permanezcan completamente aisladas de lo que sucede a su alrededor. La ciencia ha demostrado que las plantas pueden liberar sustancias químicas al ambiente y que otras plantas cercanas son capaces de detectarlas y modificar su fisiología en respuesta.

Hoja en forma de corazón comunicándose con otras plantas

Uno de los fenómenos mejor estudiados ocurre cuando una planta resulta dañada por un insecto herbívoro. En determinadas especies, el ataque modifica la mezcla de sustancias volátiles que la planta libera al aire. Estas moléculas pueden llegar hasta otras hojas de la misma planta o hasta plantas próximas, donde pueden activar o preparar diferentes mecanismos de defensa.

Por eso, aunque decir que las plantas se avisan es una simplificación, detrás de esta curiosa expresión existe un fenómeno biológico real y ampliamente estudiado.

¿Cómo puede una planta avisar a otra?

Una de las principales vías estudiadas son los compuestos orgánicos volátiles, conocidos habitualmente por las siglas COV o VOC, por su nombre en inglés (volatile organic compounds).

Las plantas producen numerosos compuestos volátiles de manera natural. Su emisión puede cambiar cuando sufren diferentes estímulos ambientales y, especialmente, cuando sus tejidos son dañados por herbívoros.

Entre ellos se encuentran los llamados volátiles de hoja verde o GLV (green leaf volatiles), una familia de compuestos de seis átomos de carbono que incluye aldehídos, alcoholes y ésteres. Muchos se producen rápidamente cuando las células vegetales sufren daños.

Al ser volátiles, estas moléculas pueden difundirse por el aire. Una planta cercana que queda expuesta a determinados compuestos puede experimentar cambios en la actividad de genes, señales celulares o sustancias relacionadas con sus mecanismos de defensa.

La reacción de una planta se ha podido observar en tiempo real

Uno de los experimentos más interesantes fue publicado en 2023 en la revista científica Nature Communications. Investigadores de Japón utilizaron plantas de Arabidopsis thaliana modificadas para poder visualizar mediante fluorescencia los cambios en la concentración de calcio dentro de sus células.

Los científicos expusieron estas plantas a compuestos volátiles procedentes de otras plantas que habían sufrido daños.

El resultado permitió observar aumentos de calcio en las células de las plantas receptoras, una señal celular relacionada con las respuestas frente al estrés. Los investigadores identificaron en particular dos volátiles de hoja verde, el (Z)-3-hexenal y el (E)-2-hexenal, capaces de desencadenar esta respuesta.

El estudio también mostró que la respuesta aparecía primero en las células de guarda asociadas a los estomas y posteriormente en células del mesófilo. Los resultados son compatibles con que estos compuestos puedan entrar en la hoja a través de los estomas y desencadenar posteriormente respuestas celulares y cambios en la expresión de genes relacionados con el estrés.

Es decir, no se trata únicamente de observar que una planta cercana termina comportándose de forma diferente: los investigadores han podido visualizar parte de la respuesta fisiológica que ocurre después de la exposición a determinados volátiles.

Las plantas pueden prepararse antes de sufrir el ataque

Una reacción especialmente interesante es el fenómeno conocido como priming o preparación defensiva.

Esto no significa necesariamente que una planta active inmediatamente todas sus defensas. En determinados casos, la exposición a compuestos procedentes de una planta dañada coloca a la receptora en un estado que le permite responder de manera más rápida o intensa si posteriormente sufre el ataque.

Desde el punto de vista biológico tiene sentido que exista este tipo de respuesta: mantener continuamente activados determinados mecanismos defensivos puede tener un coste para la planta. Prepararse para reaccionar ante una amenaza puede ser diferente de desplegar toda la respuesta defensiva antes de que el ataque se produzca.

No todo depende de los volátiles de hoja verde

Durante años, los GLV han ocupado un lugar central en la investigación sobre estas interacciones. Sin embargo, no parecen ser las únicas sustancias implicadas.

Un estudio publicado en junio de 2026 en Frontiers in Plant Science volvió a estudiar el fenómeno mediante técnicas de bioimagen en tiempo real. Los investigadores utilizaron una variedad de Arabidopsis que no produce los GLV habituales y comprobaron que seguían produciéndose respuestas en plantas próximas a ejemplares dañados por insectos.

Durante los experimentos se detectó además la acumulación de otras sustancias, entre ellas acetofenona y determinados alcanos. Los autores plantean que otros compuestos volátiles pueden participar en estas interacciones, por lo que el sistema parece ser más complejo que una única molécula funcionando como una señal de alarma universal.

¿El olor a hierba recién cortada tiene algo que ver?

Sí. El característico olor de la hierba recién cortada está relacionado en buena medida con la liberación de volátiles de hoja verde.

Cuando una cuchilla corta las hojas del césped, miles de células vegetales se rompen y se sintetizan y liberan rápidamente diferentes compuestos volátiles. Entre ellos pueden encontrarse moléculas como hexenales, hexenoles y sus derivados.

Por tanto, ese olor verde que asociamos con un césped recién cortado es también una manifestación química de los procesos que se producen cuando los tejidos vegetales resultan dañados.

Esto no significa, sin embargo, que el césped esté gritando o sintiendo dolor. Esa interpretación es antropomórfica y no existe evidencia científica de que las plantas experimenten el daño de la misma manera que los animales con sistema nervioso. Lo que podemos afirmar es que el daño provoca respuestas bioquímicas y fisiológicas medibles.

Algunas señales también pueden atraer a los enemigos de los herbívoros

La interacción no termina necesariamente entre dos plantas. Los compuestos volátiles inducidos por herbívoros también pueden modificar el comportamiento de otros organismos.

Numerosos experimentos han demostrado que depredadores y parasitoides de determinados herbívoros utilizan mezclas de volátiles procedentes de plantas atacadas como pistas para localizar a sus presas o huéspedes.

Desde el punto de vista de la planta, este fenómeno se estudia como una forma de defensa indirecta: en lugar de combatir directamente al herbívoro, las sustancias que emite pueden favorecer que sus enemigos naturales encuentren la zona donde se está produciendo el ataque.

No obstante, tampoco existe una regla universal. El efecto depende de la especie vegetal, del herbívoro, del organismo receptor, de la mezcla concreta de sustancias y de las condiciones ambientales.

Entonces, ¿podemos decir que las plantas hablan entre ellas?

No en el sentido humano de la palabra. Las plantas no mantienen conversaciones ni existe evidencia de que produzcan conscientemente un mensaje destinado a advertir a sus vecinas.

En ecología se utiliza con frecuencia el término comunicación entre plantas para describir la transferencia de información mediante señales químicas. Sin embargo, los propios investigadores distinguen entre auténticas señales y situaciones en las que una planta simplemente aprovecha o intercepta información química que otra estaba liberando como consecuencia de su propio estado fisiológico.

Lo que sí está sólidamente respaldado es que una planta puede liberar compuestos volátiles como consecuencia de un daño y que otras plantas expuestas a algunos de esos compuestos pueden detectarlos y modificar sus respuestas defensivas.

La próxima vez que veas un insecto mordiendo una hoja, por tanto, recuerda que a nuestro alrededor está ocurriendo una enorme cantidad de interacciones químicas que no podemos percibir directamente. Las plantas parecen silenciosas, pero su relación con el entorno es mucho más dinámica de lo que aparenta.